Deja que el espejo se pruebe la ropa por ti

Esencialmente, la función de un probador inteligente es la siguiente: cuando un cliente accede al espacio, el espejo reconoce automáticamente las prendas elegidas a través del chip RFID que incluyen. Los RFID, por cierto, son esas etiquetas autoadhesivas con tecnología de radiofrecuencia que nos recortan al salir de la tienda, una versión mejorada del clásico código de barras. Desde la pantalla, mediante una interfaz táctil, podemos buscar los diferentes modelos de cada prenda: tallas, gramaje, color, incluso complementos adicionales sugeridos que combinen. Además, cuando el sistema no está siendo usado, o bien hace la función de un espejo normal o muestra una galería de vídeos y fotos, sirviendo como apoyo visual y documental.

Un probador inteligente se compone varios progresos tecnológicos. Toda revolución comienza con una chispa. En 2010 la fundación CETEMMSA (Mataró-Maresme), actualmente integrada dentro del colectivo proveedor de tecnología industrial Eurecat, popularizó en España en concepto Tienda Inteligente. Incorporaba a cada prenda una etiqueta reprogramable controlada por RFID. Con esto se centraliza el inventario: no hace falta abrir cajas y comprobar tallaje ni desactivar alarmas manualmente. Todo el stock se gestiona digitalmente y se asocia en estanterías inteligentes(smart shelves).

Por otro lado, esta herramienta facilitaba las cosas no sólo al dependiente, sino también al cliente: el chip era detectado por el sistema y desde una pantalla táctil colocada dentro del probador se mostraba un modelo virtual vistiendo la prenda elegida. Así se permitía realizar combinaciones con el stock disponible de la tienda sin tener que andar solicitando al comercial cada prenda. Algo similar a lo que ya ofrecían tiendas online como La Redoute pero en vivo, desde el mismo local.

Septiembre de 2012. Plaza Tokyu, en Omotesando, Japón. El equipo Urban Research instala un sistema tryvertising: un probador de ropa virtual de 7 metros cuadrados. El espacio se componía de una pantalla LCD táctil de 60 pulgadas, un iPad, y un sistema Kinect de Microsoft con software para escanear el cuerpo de cada usuario. Mediante tecnología 3D de realidad aumentada, nuestro contorno era detectado y podíamos posar luciendo las prendas virtuales para después hacernos una foto en el iPad y guardarlas o compartirlas. Además, podíamos completar la compra online: simplemente añadir el producto a la cesta y utilizar el código QR que imprimía la máquina para finalizar el proceso.

Un año después, eBay dio a conocer su Retail Associate Platform, un software basado en tablet con el que se asoció a marcas como DSW, Nine West o Aéropostale. Dicha plataforma permitía a los establecimientos ver qué mercancía recibía más atención del cliente pero aún no había comprado: una suerte de historial en línea para estudiar hábitos. También posibilitaba a los minoristas enviar recomendaciones personalizadas relacionadas con dicha actividad, generar informes de rendimiento en almacén, inventario y obtener un perfil claro sobre las líneas que mejor acogida reciben.

David Geisinger, jefe de estrategia de comercio en eBay decía a propósito de su nueva plataforma: «Las tiendas físicas no van a desaparecer: sin esta tecnología, los minoristas simplemente se quedará atrás»

Todas estas alternativas convergen en una misma conclusión: los probadores inteligentes. Polo Ralph Lauren implementó en su establecimiento de la Quinta Avenida su Oak Fitting Room, su propia versión del probador inteligente con varias configuraciones, como la opción de traducir el contenido a 5 idiomas. Y justo antes del pasado Black Friday, Zara debutó con sus primeros Probadores Inteligentes en su tienda del mercado de San Martín, en San Sebastián, uno de los establecimientos de más grandes del mundo, con 4.600 metros cuadrados. Desde minoristas de moda y complementos como Rebecca Minkoff a especialistas en cosmética como Kohl, el probador es ahora un núcleo tecnológico.